Pensar antes de construir.
Soy Steven Vallejo. Hoy me defino, ante todo, como filósofo —estudio Filosofía en la Universidad de Antioquia—, pero llegué hasta aquí por un camino largo, y vale la pena contarlo.
Crecí en Antioquia, en un barrio donde nadie esperaba que un niño se obsesionara con una máquina. A los trece ya dominaba el hardware; a los quince desarrollaba videojuegos y me pagaban por ello; a los dieciocho firmé mi primer contrato formal. Mientras otros decidían qué estudiar, yo resolvía problemas que la gente daba por imposibles. No por velocidad, sino por criterio: la diferencia entre hacer mucho y decidir bien.
Después llegó la filosofía y algo se ordenó por dentro. La gente asume que un ingeniero y un filósofo son dos personas distintas; en mí son la misma. La filosofía me dio el método —definir bien el problema antes de escribir una sola línea—; la informática, la profundidad para llevar cada sistema hasta el final. En 2019 me quedé bastante solo y me refugié en lo único que nunca me ha fallado: construir. De esos años salieron algunos de mis sistemas más grandes.
Mi verdadera obsesión es la abstracción: mirar las ideas, los sistemas y la inteligencia desde lo más alto, donde se ven los patrones que de cerca se pierden. Eso es lo que persigo y lo que me llena: tomar un problema que otros dan por imposible y dejarlo resuelto, funcionando.
Abstracción es mi cuaderno público: filosofía aplicada a la máquina. Aquí miro la tecnología desde arriba, sin jerga innecesaria y sin perder rigor, para entender mejor cómo pensamos cuando construimos inteligencia.
Ver cómo puedo ayudar a tu equipo